Sexting. Erotismo en crisis

Por Silvana Savoini | Sexóloga | Psicóloga

www.silvanasavoini.com.ar |        @PsicologaSilvanaSavoini

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Sólo dos décadas atrás, si uno deseaba fotografiarse íntimamente, debía estar dispuesto a exponer sus imágenes ante el encargado de revelar las fotos, o bien, debía ser un aficionado al revelado y armar el propio laboratorio en casa.

En sólo dos décadas, este concepto ha cambiado sustancialmente, ya que hoy desde nuestro propio dispositivo móvil (que recién estaba apareciendo en esa época pero sólo con funciones de comunicación y con el formato de un enorme teléfono portable), podemos tomar las fotos que se nos antoje, conservarlas, eliminarlas o compartirlas instantáneamente sin ninguna dificultad.

Esta accesibilidad a la captura de imágenes y escenas íntimas en la casi total privacidad, resulta tentadora para millones de personas que utilizan la inquieta y curiosa cámara de su móvil como espejo permanente.

Cuando digo en la “casi” total privacidad, lo digo porque debemos entender, que todo lo que captan nuestros dispositivos móviles, al instante comienza a formar parte del ciberespacio, lo cual lo vuelve potencialmente susceptible de ser visto por otro ser humano. Es importante recordar, porque muchas personas ni siquiera lo saben, que según la configuración del equipo y de su sistema operativo, por ejemplo, las fotos se suben automáticamente a nuestra “nube” sin que siquiera demos la orden de que sea guardada. Se conservan, más allá de la voluntad del protagonista, incluso las fotos que hemos eliminado.

Aclarada la vulnerabilidad intrínseca de las fotos digitales tomadas con celular, pasemos a pensar qué puede hacer una persona con esas imágenes (voluntariamente).

Además de tomarse las fotografías para explorar su cuerpo, para elevar la autoestima, para que la pantalla nos devuelva una visión de cómo nos perciben los demás, por narcisismo o simplemente para pasar el tiempo, muchas personas producen esas imágenes para mostrarlas, para compartirlas, para otro ávido de mirarlas.

Se denomina Sexting al intercambio de imágenes o texto de contenido erótico a través de los diferentes medios tecnológicos.

El Sexting (por la fusión del prefijo “sex” en alusión al sexo, y “texting” como la acción de comunicarse por mensajes de texto), se ha vuelto un recurso más para el intercambio erótico y la vinculación sexo afectiva.

Pero este recurso es un arma de doble filo…nos da libertad e intimidad para jugar con las imágenes, pero la posibilidad de compartirlas, nos expone al mismo tiempo a un peligro del cual no siempre somos conscientes, debido a la fragilidad del límite entre lo privado y lo público cuando intervienen las tecnologías.

Podemos estar a un “click” de distancia entre el compartir en intimidad y la masiva exposición pública. Todos nos hemos equivocado (¡y seguimos haciéndolo!) al confiar en algunas personas que no eran las indicadas, pero antes la repercusión social se limitaba al entorno de pertenencia del grupo social. Actualmente, el confiar en la persona equivocada, puede tener un impacto que excede el entorno inmediato, involucrando a toda una comunidad, lo cual implica que la magnitud del malestar que genera es directamente proporcional al alcance de la difusión.

La globalización de la información, conlleva el riesgo de la globalización indeseada de la intimidad.

La “viralización” indeseada de contenidos íntimos, es un fenómeno que se registra cada vez con más frecuencia, sin estar regulado legalmente y sin que existan aún muchos modos de detenerlo.

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